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Cómo tratar correctamente la obesidad: sin culpa, sin dietas extremas y con ayuda médica

La obesidad no es una cuestión de fuerza de voluntad. Es una enfermedad crónica que puede tratarse con un enfoque personalizado, basado en la ciencia y adaptado a cada persona.

¿Has intentado perder peso varias veces, has conseguido adelgazar y, meses después, has recuperado los kilos perdidos?

¿Te han dicho alguna vez que la solución consiste simplemente en comer menos y moverte más?

Si te identificas con estas situaciones, hay algo importante que debes conocer: el tratamiento de la obesidad ha cambiado profundamente en los últimos años.

Hoy sabemos que no basta con recomendar una dieta. El abordaje debe considerar los mecanismos biológicos que regulan el peso, las circunstancias personales y las posibles complicaciones metabólicas.

La buena noticia es que disponemos de herramientas eficaces para mejorar la salud y conseguir pérdidas de peso clínicamente relevantes.

¿Cómo tratar la obesidad correctamente?

1. La obesidad no es falta de voluntad

    Durante décadas, la obesidad se ha presentado como una consecuencia de comer demasiado o hacer poco ejercicio.

    Sin embargo, la evidencia científica demuestra que es mucho más compleja.

    Nuestro peso corporal está regulado por mecanismos en los que intervienen el cerebro, las hormonas, el tejido adiposo y el sistema digestivo.

    También influyen la genética, la calidad del sueño, el estrés, determinados medicamentos y el entorno en el que vivimos.

    Además, cuando perdemos peso, nuestro organismo puede responder aumentando el hambre y reduciendo el gasto energético. Estos mecanismos favorecen la recuperación del peso perdido.

    Por eso, adelgazar no siempre resulta tan sencillo como parece.

    La Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad (EASO) reconoce la obesidad como una enfermedad crónica, multifactorial y con tendencia a las recaídas [1].

    Comprenderlo permite abandonar la culpabilidad y comenzar a buscar soluciones eficaces.

    2. El tratamiento debe adaptarse a ti

      No existen dos personas con obesidad exactamente iguales.

      Una mujer en menopausia, un hombre con apnea del sueño y una persona joven con resistencia a la insulina pueden necesitar estrategias diferentes.

      Por eso, el primer paso debería ser una valoración médica completa.

      Esta evaluación puede incluir:

      • Historia del peso y tratamientos anteriores.
      • Alimentación, actividad física y descanso.
      • Composición corporal y perímetro abdominal.
      • Presión arterial, glucosa y perfil lipídico.
      • Enfermedades asociadas, medicación y salud emocional.

      El índice de masa corporal (IMC) es útil, pero no cuenta toda la historia. Tampoco permite distinguir entre masa muscular y grasa ni valorar por sí solo el impacto de la obesidad sobre la salud.

      El objetivo es conocer qué está ocurriendo en tu organismo y qué tratamiento puede beneficiarte más.

      Este enfoque individualizado está respaldado por las recomendaciones europeas actuales [1].

      3. Comer mejor, sin perseguir la perfección

        Una alimentación saludable no debería convertirse en una sucesión interminable de prohibiciones.

        Tampoco necesitas eliminar todos los hidratos de carbono, pasar hambre o seguir una dieta extremadamente restrictiva.

        Lo verdaderamente importante es desarrollar una alimentación que puedas mantener.

        En la práctica, podemos empezar por aumentar el consumo de verduras, frutas, legumbres, alimentos ricos en fibra y fuentes de proteína de calidad.

        También conviene reducir el consumo habitual de bebidas azucaradas y productos ultraprocesados de baja calidad nutricional.

        La cantidad de energía ingerida sigue siendo importante para perder peso, pero no todas las estrategias alimentarias funcionan igual para todas las personas.

        Una dieta mediterránea adaptada a tus necesidades puede ser una opción adecuada, aunque lo esencial es que el plan resulte nutricionalmente suficiente, flexible y sostenible.

        No necesitas comer perfectamente todos los días.

        Necesitas una estrategia que puedas mantener incluso cuando tengas trabajo, compromisos familiares o poco tiempo.

        4. Moverte también forma parte del tratamiento

          El ejercicio físico no sirve únicamente para quemar calorías.

          Mejora la capacidad cardiorrespiratoria, la sensibilidad a la insulina, la salud cardiovascular y la calidad de vida.

          Además, el entrenamiento de fuerza ayuda a conservar masa muscular durante la pérdida de peso.

          Según la Organización Mundial de la Salud, los adultos deberían intentar alcanzar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, además de realizar ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana [2].

          Pero si actualmente llevas una vida sedentaria, no necesitas comenzar con objetivos difíciles.

          Puedes empezar caminando diez o quince minutos diarios, aumentando progresivamente la duración y añadiendo ejercicios de fuerza adaptados a tu situación.

          Lo fundamental es progresar de forma segura.

          Y recuerda: aunque la báscula no cambie rápidamente, mejorar tu condición física ya aporta beneficios importantes para tu salud.

          5. Dormir mejor puede ayudarte a controlar el peso

            El descanso es uno de los componentes más olvidados del tratamiento de la obesidad.

            Dormir poco o tener un sueño de mala calidad puede alterar el apetito, favorecer una mayor ingesta de alimentos y dificultar la regulación metabólica.

            En la mayoría de los adultos, dormir aproximadamente entre siete y nueve horas constituye un objetivo razonable, aunque las necesidades individuales pueden variar [3].

            Intenta mantener horarios regulares, limitar las pantallas antes de acostarte y evitar la cafeína durante las horas previas al sueño.

            También es importante detectar problemas como la apnea obstructiva del sueño, especialmente si roncas intensamente, presentas pausas respiratorias nocturnas o experimentas somnolencia durante el día.

            Dormir mejor no sustituye a una alimentación adecuada ni al ejercicio, pero facilita el tratamiento y mejora la salud general.

            6. A veces necesitamos ayuda farmacológica

              Uno de los avances más importantes de los últimos años ha sido el desarrollo de medicamentos capaces de actuar sobre los mecanismos biológicos que regulan el apetito y la saciedad.

              Entre ellos destacan la semaglutida y la tirzepatida.

              Estos tratamientos han demostrado reducciones importantes del peso corporal en ensayos clínicos.

              Por ejemplo, en el estudio SURMOUNT-1, los participantes tratados con tirzepatida 15 mg experimentaron una pérdida media de peso del 20,9 % a las 72 semanas, frente al 3,1 % del grupo placebo [4].

              Además, el ensayo SELECT demostró que semaglutida 2,4 mg redujo un 20 % el riesgo relativo de acontecimientos cardiovasculares mayores en personas con sobrepeso u obesidad, enfermedad cardiovascular establecida y sin diabetes [5].

              Sin embargo, estos medicamentos no son adecuados para todo el mundo.

              Pueden producir efectos adversos, principalmente gastrointestinales, y requieren valorar las indicaciones, contraindicaciones y circunstancias individuales.

              La OMS recomienda considerar estos tratamientos a largo plazo en adultos con obesidad, dentro de un abordaje integral y con recomendaciones condicionadas por la evidencia disponible [6].

              Utilizar medicación cuando está indicada no significa haber fracasado con la alimentación o el ejercicio. Significa tratar una enfermedad con herramientas médicas.

              En determinadas situaciones también puede estar indicada la cirugía metabólica y bariátrica.

              7. No tienes que hacerlo en soledad

                El tratamiento de la obesidad puede beneficiarse de la colaboración entre diferentes profesionales sanitarios.

                Dependiendo de las necesidades, pueden participar médicos, dietistas-nutricionistas, profesionales de salud mental y especialistas en actividad física.

                La intervención psicológica resulta especialmente útil cuando existen dificultades relacionadas con la conducta alimentaria, el estrés, la ansiedad o el estigma asociado al peso.

                Pero disponer de apoyo no significa necesariamente acudir a numerosos profesionales.

                Lo importante es identificar qué necesitas y coordinar adecuadamente las intervenciones.

                Un seguimiento periódico permite revisar resultados, detectar dificultades y adaptar el tratamiento cuando sea necesario.

                8. Recuperar peso no significa haber fracasado

                  Uno de los aspectos más importantes de la obesidad es su tendencia a reaparecer.

                  Después de perder peso, el organismo puede activar mecanismos que favorecen su recuperación.

                  Esto explica por qué algunas personas vuelven a ganar kilos incluso después de haber realizado cambios importantes en su alimentación.

                  El estudio de extensión STEP-1 observó que, un año después de suspender semaglutida, los participantes habían recuperado aproximadamente dos tercios del peso inicialmente perdido [7].

                  Estos resultados muestran la importancia de planificar el mantenimiento desde el principio.

                  La obesidad necesita seguimiento a largo plazo, igual que otras enfermedades crónicas.

                  El objetivo no debería ser adelgazar rápidamente para terminar cuanto antes, sino conseguir mejoras duraderas en la salud.

                  9. La báscula no es el único indicador de éxito

                    Perder peso puede producir numerosos beneficios, pero la cifra de la báscula no debería convertirse en la única medida de progreso.

                    También debemos valorar si mejora la presión arterial, disminuye la glucosa, se reduce el perímetro abdominal o aumenta la capacidad física.

                    Otras mejoras pueden ser dormir mejor, reducir el dolor articular, tener más energía o necesitar menos medicación para determinadas enfermedades.

                    Incluso pérdidas de peso relativamente moderadas pueden proporcionar beneficios metabólicos importantes.

                    Por eso, los objetivos deben ser individualizados, realistas y orientados a la salud.

                    No se trata de perseguir un número ideal, sino de conseguir que tu organismo funcione mejor.

                    10. El mejor tratamiento es el que puedes mantener

                      La obesidad no se resuelve mediante soluciones milagrosas ni dietas de unas pocas semanas.

                      Necesita un enfoque que combine diferentes herramientas según las necesidades de cada persona.

                      Alimentación, ejercicio, descanso, apoyo profesional y, cuando esté indicado, tratamiento farmacológico o cirugía.

                      La clave está en construir una estrategia personalizada, revisar los resultados y adaptarla con el tiempo.

                      No tienes que hacerlo todo perfectamente. Tampoco necesitas afrontar el proceso sin ayuda.

                      La obesidad es una enfermedad que se puede tratar. Y mereces recibir un tratamiento respetuoso, individualizado y basado en la evidencia científica.

                      Dr. Antonio Alfonso García.

                      • Médico y Farmacéutico.
                      • MIR de Medicina Interna.
                      • Graduado en Nutrición Humana y Dietética.
                      • Graduado en Ciencia y Tecnología de los Alimentos.

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                      Para saber más…

                      1. Busetto L, et al. A new framework for the diagnosis, staging and management of obesity in adults. Nature Medicine. 2024;30:2395–2399.
                      2. Bull FC, et al. World Health Organization 2020 guidelines on physical activity and sedentary behaviour. British Journal of Sports Medicine. 2020;54:1451–1462.
                      3. Watson NF, et al. Recommended Amount of Sleep for a Healthy Adult: A Joint Consensus Statement. Sleep. 2015;38:843–844.
                      4. Jastreboff AM, et al. Tirzepatide Once Weekly for the Treatment of Obesity. New England Journal of Medicine. 2022;387:205–216.
                      5. Lincoff AM, et al. Semaglutide and Cardiovascular Outcomes in Obesity without Diabetes. New England Journal of Medicine. 2023;389:2221–2232.
                      6. Celletti F, et al. World Health Organization Guideline on the Use and Indications of GLP-1 Therapies for the Treatment of Obesity in Adults. JAMA. 2026;335:434–438.
                      7. Wilding JPH, et al. Weight regain and cardiometabolic effects after withdrawal of semaglutide: The STEP 1 trial extension. Diabetes, Obesity and Metabolism. 2022;24:1553–1564.

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