Durante décadas, el tratamiento de la obesidad se ha resumido en una recomendación aparentemente sencilla: comer menos y moverse más. Sin embargo, la experiencia clínica y la investigación científica han demostrado que esta visión resulta insuficiente.
¿Por qué algunas personas recuperan el peso perdido pese a mantener hábitos saludables? ¿Por qué dos pacientes con el mismo índice de masa corporal pueden presentar riesgos metabólicos completamente diferentes?
La respuesta está en comprender que la obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial y con tendencia a las recaídas. Su tratamiento requiere comprender los mecanismos biológicos implicados, conocer la historia del paciente y utilizar todas las herramientas terapéuticas disponibles, desde la nutrición y el ejercicio hasta los medicamentos y la cirugía metabólica.
El enfoque actual de la European Association for the Study of Obesity (EASO) propone abandonar los modelos centrados exclusivamente en el peso y priorizar la salud global del paciente.
¿Cómo debemos abordar el tratamiento de la obesidad?
1. Antes de tratar la obesidad, debemos comprender a la persona
Uno de los errores más frecuentes es iniciar el tratamiento sin conocer suficientemente la trayectoria del paciente.
Una evaluación adecuada comienza con una historia clínica que explore la evolución del peso, los antecedentes familiares, las enfermedades asociadas y los factores que han podido contribuir al desarrollo de la obesidad.
También debemos conocer aspectos que frecuentemente pasan desapercibidos: horarios laborales, calidad del sueño, acontecimientos vitales, dificultades económicas, estrés y relación con la alimentación.
El objetivo no es encontrar culpables, sino identificar factores sobre los que podamos intervenir.
La obesidad no puede explicarse únicamente por la falta de voluntad. Existe una interacción compleja entre genética, regulación del apetito, entorno, comportamiento y mecanismos neuroendocrinos.
Comprender esta realidad permite construir una relación terapéutica basada en el respeto, evitando la estigmatización del paciente.
2. Aprender de los tratamientos anteriores
Muchas personas con obesidad han realizado múltiples dietas antes de acudir a una consulta especializada.
Algunas han conseguido pérdidas de peso importantes, pero posteriormente han recuperado una parte o la totalidad del peso perdido.
En lugar de interpretar estas experiencias como fracasos personales, debemos analizarlas clínicamente.
¿Qué estrategias funcionaron? ¿Durante cuánto tiempo pudieron mantenerse? ¿Aparecieron hambre excesiva, fatiga, ansiedad o dificultades sociales? ¿Se utilizaron medicamentos previamente?
La pérdida de peso desencadena adaptaciones fisiológicas que pueden favorecer su recuperación, incluyendo cambios en el apetito y el gasto energético.
Por tanto, recuperar peso no demuestra necesariamente falta de compromiso. Puede reflejar la naturaleza crónica de la enfermedad y la necesidad de mantener un tratamiento adecuado.
El pasado terapéutico del paciente proporciona información esencial para planificar su futuro.
3. Mirar más allá de la báscula
El índice de masa corporal (IMC) continúa siendo una herramienta útil para la evaluación inicial, pero tiene limitaciones importantes.
No distingue entre masa muscular y grasa corporal, ni informa directamente de la distribución del tejido adiposo.
Por eso, dos pacientes con idéntico IMC pueden presentar situaciones clínicas muy diferentes.
La evaluación debe incorporar el perímetro de cintura, la presión arterial, la presencia de complicaciones y, cuando esté indicado, pruebas complementarias.
Especialmente importante resulta investigar enfermedades relacionadas con la obesidad, como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemia, enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD) y apnea obstructiva del sueño.
También es necesario valorar la funcionalidad, la salud mental y las limitaciones físicas.
La analítica debe individualizarse, incluyendo habitualmente parámetros glucémicos, perfil lipídico y evaluación de la función hepática y renal según el contexto clínico.
Las pruebas hormonales específicas deben reservarse para situaciones con sospecha clínica, evitando estudios indiscriminados.
La Comisión publicada en The Lancet Diabetes & Endocrinology en 2025 refuerza precisamente la importancia de distinguir el exceso de adiposidad de sus repercusiones clínicas.
No tratamos únicamente un número: tratamos una enfermedad y sus consecuencias sobre la salud.
4. Diseñar un tratamiento personalizado
No existe un único tratamiento válido para todas las personas con obesidad.
El plan terapéutico debe adaptarse al riesgo clínico, las preferencias del paciente, sus posibilidades y los objetivos acordados.
La intervención nutricional constituye un pilar fundamental. Sin embargo, no existe una distribución universal de macronutrientes que resulte óptima para todos.
Es prioritario conseguir una alimentación nutricionalmente adecuada, sostenible y adaptada al contexto individual.
La actividad física debe combinar, cuando sea posible, ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza. Este último es especialmente relevante para preservar la masa muscular durante la pérdida de peso.
También debemos abordar la calidad del sueño, el estrés y las dificultades conductuales que puedan comprometer la adherencia.
En determinadas circunstancias, puede resultar útil el apoyo psicológico especializado.
El mejor tratamiento no es necesariamente el más restrictivo, sino aquel que ofrece beneficios clínicos sostenibles.
5. Tratamiento farmacológico: una herramienta que debemos conocer
El tratamiento farmacológico ha experimentado avances importantes durante los últimos años.
Entre las opciones disponibles destacan semaglutida, agonista del receptor GLP-1, y tirzepatida, agonista dual de los receptores GIP y GLP-1.
Estos medicamentos actúan sobre mecanismos implicados en la regulación del apetito, la saciedad y la ingesta alimentaria.
Los resultados de los ensayos clínicos han demostrado pérdidas de peso clínicamente relevantes.
En el ensayo STEP 1, la semaglutida 2,4 mg semanal consiguió una reducción media del peso del 14,9 % a las 68 semanas, frente al 2,4 % con placebo.
Por su parte, en SURMOUNT-1, la tirzepatida alcanzó reducciones medias de hasta el 20,9 % a las 72 semanas con la dosis de 15 mg, frente al 3,1 % del grupo placebo.
Estas cifras corresponden a resultados medios de poblaciones seleccionadas, acompañados de intervenciones sobre el estilo de vida. No garantizan una respuesta equivalente en todos los pacientes.
Además, debemos considerar posibles efectos adversos, especialmente gastrointestinales, contraindicaciones, interacciones y características individuales.
Un aspecto fundamental es comprender que la obesidad requiere frecuentemente tratamiento prolongado. Tras retirar la medicación puede producirse recuperación ponderal.
El ensayo SELECT también demostró una reducción relativa del 20 % en eventos cardiovasculares mayores con semaglutida 2,4 mg en personas con sobrepeso u obesidad, enfermedad cardiovascular establecida y sin diabetes.
Por tanto, los beneficios potenciales del tratamiento farmacológico pueden ir más allá de la pérdida de peso.
Prescribir correctamente implica seleccionar al paciente, explicar beneficios y riesgos, ajustar las dosis y realizar seguimiento médico.
6. No debemos olvidar la cirugía metabólica
La cirugía metabólica y bariátrica representa otra herramienta terapéutica eficaz en pacientes adecuadamente seleccionados.
Las recomendaciones internacionales ASMBS/IFSO de 2022 establecen su indicación general en personas con IMC igual o superior a 35 kg/m², independientemente de la presencia de comorbilidades.
También contemplan su valoración en determinados pacientes con IMC entre 30 y 34,9 kg/m², especialmente cuando existe enfermedad metabólica o respuesta insuficiente al tratamiento no quirúrgico.
La decisión requiere evaluación individualizada, información sobre riesgos y beneficios, y seguimiento multidisciplinar prolongado.
La cirugía no debe considerarse un fracaso de otros tratamientos, sino una intervención con indicaciones específicas.
7. El trabajo multidisciplinar mejora el abordaje
La complejidad de la obesidad exige frecuentemente la colaboración de diferentes profesionales.
Medicina Interna, Endocrinología, Dietética-Nutrición, Psicología, profesionales del ejercicio y Cirugía pueden contribuir al tratamiento según las necesidades del paciente.
La coordinación permite abordar simultáneamente las complicaciones médicas, la alimentación, la actividad física y las barreras psicológicas o sociales.
Sin embargo, trabajar de forma multidisciplinar no significa que todos los pacientes necesiten todas las especialidades.
La clave es ofrecer los recursos adecuados en el momento oportuno, evitando actuaciones fragmentadas o recomendaciones contradictorias.
8. El verdadero éxito no se mide únicamente en kilos
Conseguir una reducción del peso corporal puede mejorar numerosos parámetros de salud, pero el tratamiento no debería limitarse a alcanzar una cifra determinada.
Reducir el riesgo cardiovascular, mejorar el control glucémico, preservar la capacidad funcional, dormir mejor y aumentar la calidad de vida son objetivos igualmente importantes.
El seguimiento permite revisar la respuesta, identificar efectos adversos, modificar estrategias y prevenir recaídas.
También es fundamental establecer expectativas realistas y comprender que los objetivos pueden cambiar con el tiempo.
Una persona que mejora significativamente su salud metabólica, movilidad y bienestar puede haber obtenido un beneficio clínico importante aunque no alcance su peso inicialmente deseado.
En resumen…
Tratar la obesidad es tratar a la persona en su conjunto.
No basta con recomendar menos comida y más ejercicio. Necesitamos comprender la historia del paciente, evaluar sus complicaciones, seleccionar tratamientos respaldados por la evidencia y acompañarlo a largo plazo.
Los medicamentos, la intervención nutricional, el ejercicio, el apoyo psicológico y la cirugía son herramientas que deben utilizarse cuando estén indicadas.
El abordaje moderno de la obesidad exige abandonar los mensajes simplistas.
El objetivo final no es conseguir que una persona pese menos durante unos meses, sino ayudarla a vivir más y mejor, con menor carga de enfermedad.
Porque tratar correctamente la obesidad significa mucho más que perder kilos: significa recuperar salud.

Dr. Antonio Alfonso García.
- Médico y Farmacéutico.
- MIR de Medicina Interna.
- Graduado en Nutrición Humana y Dietética.
- Graduado en Ciencia y Tecnología de los Alimentos.
¡Sígueme en las redes sociales!.
Para saber más…
- Busetto L, et al. (2024). A new framework for the diagnosis, staging and management of obesity in adults. Nature Medicine.
- Rubino F, et al. (2025). Definition and diagnostic criteria of clinical obesity. The Lancet Diabetes & Endocrinology.
- Wilding JPH, et al. (2021). Once-Weekly Semaglutide in Adults with Overweight or Obesity. NEJM.
- Jastreboff AM, et al. (2022). Tirzepatide Once Weekly for the Treatment of Obesity. NEJM.
- Lincoff AM, et al. (2023). Semaglutide and Cardiovascular Outcomes in Obesity without Diabetes. NEJM.
- Pedersen SD, et al. (2025). Pharmacotherapy for obesity management in adults: 2025 clinical practice guideline update. CMAJ.
- Eisenberg D, et al. (2022). ASMBS/IFSO Indications for Metabolic and Bariatric Surgery.
