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Obesidad y testosterona baja: una interacción bidireccional.

La obesidad y la testosterona baja mantienen una relación bidireccional: el exceso de grasa reduce la testosterona mediante aromatización e inflamación, y el déficit de testosterona favorece la acumulación de grasa y la resistencia a la insulina.

La obesidad y la deficiencia de testosterona en el varón adulto constituyen dos problemas de salud altamente prevalentes y frecuentemente coexistentes. Lejos de ser una simple asociación casual, la evidencia científica demuestra una relación bidireccional entre ambas condiciones, en la que cada una puede actuar como causa y consecuencia de la otra. Este vínculo tiene implicaciones metabólicas, cardiovasculares y reproductivas relevantes, y debe ser tenido en cuenta en la práctica clínica diaria.

Testosterona: funciones fisiológicas clave.

La testosterona es el principal andrógeno masculino y cumple funciones esenciales más allá de la reproducción. Interviene en:

  • Regulación de la masa y fuerza muscular.
  • Distribución del tejido adiposo.
  • Sensibilidad a la insulina.
  • Metabolismo lipídico.
  • Eritropoyesis.
  • Función sexual y bienestar psicológico.

Con el envejecimiento, los niveles de testosterona total y libre disminuyen de forma progresiva, pero esta caída se ve acentuada en presencia de obesidad, especialmente abdominal.

Cómo la obesidad reduce la testosterona.

1. Aumento de la aromatización periférica.

El tejido adiposo, especialmente el visceral, expresa la enzima aromatasa, responsable de convertir testosterona en estradiol. En sujetos obesos:

  • A mayor masa grasa → mayor aromatización.
  • Aumento de estradiol circulante.
  • Inhibición del eje hipotálamo–hipófisis–gonadal.

Esto reduce la secreción de LH y, en consecuencia, la producción testicular de testosterona.

2. Resistencia a la insulina e inflamación crónica.

La obesidad se asocia a un estado inflamatorio de bajo grado caracterizado por niveles elevados de:

  • TNF-α.
  • IL-6.
  • PCR.

Estas citocinas inflamatorias interfieren con la función de las células de Leydig y reducen la esteroidogénesis testicular. Además, la resistencia a la insulina altera la señalización hormonal necesaria para una producción adecuada de testosterona.

3. Descenso de SHBG.

La obesidad, especialmente cuando se asocia a hiperinsulinemia, reduce la síntesis hepática de SHBG (sex hormone–binding globulin). Esto provoca:

  • Descenso de testosterona total.
  • Testosterona libre normal o baja-normal.
  • Infradiagnóstico de hipogonadismo si no se interpreta correctamente.

Cómo la testosterona baja favorece la obesidad.

La relación inversa también está bien documentada: niveles bajos de testosterona facilitan la ganancia de grasa corporal.

1. Alteración de la composición corporal.

La testosterona:

  • Estimula la lipólisis.
  • Inhibe la diferenciación de preadipocitos.
  • Favorece el mantenimiento de masa magra.

Su déficit se asocia a:

  • Aumento de grasa total y visceral.
  • Disminución de masa muscular.
  • Reducción del gasto energético basal.

Este cambio en la composición corporal favorece un balance energético positivo.

2. Empeoramiento de la sensibilidad a la insulina.

La testosterona mejora la captación de glucosa en músculo esquelético. Su déficit se asocia a:

3. Impacto sobre la actividad física.

La testosterona influye en la motivación, energía y capacidad funcional. Niveles bajos se asocian a:

  • Fatiga.
  • Menor actividad física espontánea.
  • Reducción del entrenamiento de fuerza.

Todo ello contribuye indirectamente a la ganancia de peso.

Testosterona baja y obesidad, una interacción bidireccional.
La obesidad reduce los niveles de testosterona y su vez esto aumenta la adiposidad.

Evidencia clínica de la relación bidireccional.

Numerosos estudios observacionales muestran que:

  • Hasta el 40–50 % de los varones con obesidad presentan testosterona baja.
  • La prevalencia aumenta con el grado de obesidad abdominal.
  • El hipogonadismo funcional asociado a obesidad es potencialmente reversible.

Ensayos clínicos y estudios longitudinales han demostrado que la pérdida de peso, especialmente tras cirugía bariátrica, se asocia a:

  • Incremento significativo de testosterona total y libre.
  • Normalización del eje gonadal en muchos casos.

Por otro lado, estudios con terapia de reemplazo con testosterona (TRT) en varones hipogonádicos muestran:

  • Reducción de masa grasa.
  • Aumento de masa magra.
  • Mejoría de la resistencia a la insulina.

Aunque la TRT no debe usarse como tratamiento primario de la obesidad, puede facilitar cambios metabólicos favorables en pacientes seleccionados.

Implicaciones clínicas.

  1. En varones con obesidad, especialmente con síndrome metabólico, es recomendable evaluar testosterona total matutina, idealmente junto con SHBG.
  2. La primera línea de tratamiento debe ser pérdida de peso mediante intervención nutricional, ejercicio y cambio de estilo de vida.
  3. La testosterona baja en este contexto suele ser hipogonadismo funcional, no primario.
  4. La TRT puede considerarse solo si:
    • Los niveles permanecen bajos tras intervención sobre el peso.
    • Existen síntomas clínicos claros.
    • Se descartan contraindicaciones.

En resumen…

La obesidad y la testosterona baja mantienen una relación bidireccional compleja, mediada por mecanismos hormonales, inflamatorios y metabólicos.

La obesidad reduce la testosterona, y la testosterona baja favorece la acumulación de grasa, creando un círculo vicioso.

Reconocer esta interacción permite un abordaje clínico más preciso, evitando diagnósticos erróneos y priorizando intervenciones sobre el estilo de vida antes de considerar tratamientos hormonales.

Para saber más…

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Dr. Antonio Alfonso García.

  • Médico y Farmacéutico.
  • MIR de Medicina Interna.
  • Graduado en Nutrición Humana y Dietética.
  • Graduado en Ciencia y Tecnología de los Alimentos.

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